domingo, 5 de diciembre de 2010

Todos somos Wikileaks!!!

¡Qué fantástico esto del wikileaks!. Estos muchachos, tal como venían anunciando, se dieron el gustazo de su vida al empezar a subir a la web doscientos cincuenta y pico mil documentos y cables de las embajadas norteamericanas. No hacía muchos meses, wikileaks también había publicado archivos, videos y fotos del propio ejército yanqui, sobre su actuación en Irak y Afganistán, mapas interactivos de hechos bélicos y muertos incluídos.
A partir de empezar la publicación de los archivos se desataron todo tipo de especulaciones académicas, acusaciones terribles, discursos miserables, debates conciensudos, mesas redondas, cuadradas, y ratonas también.
Aún es poco lo que se ha publicado, y desde ayer, nada a lo que se pueda tener acceso directo en la página. Wikileaks ya fue cerrada, bajada, desaparecida o como quieran llamarlo. Aún no escuché a ningún adalid de la libertad de prensa haciendo tronar su airada queja por tamaño acto de censura, ni siquiera a aquellos que se valieron de la difusión parcial y desvirtuada de algún documento para seguir haciendo su juego.
Es así mis amigos, nunca nadie desmintió una sola línea de lo que apareció en wikileaks, ofenderse y enojarse sí, pero no desmintieron. Sin embargo habremos de conformarnos con lo poco que los diarios publicaron sobre la primer tirada de documentos. Parece que no importa la veracidad de la información, sino más bien a quien jode. Si el perjudicado es lo bastante poderoso aquello que lo perjudique será invisibilizado por más veraz que sea, esa parece ser la regla  de oro de la libertad de expresión actual.
Y este asunto me impulsa dos reflexiones. La primera me conduce a Rocinante y su amañada interpretación de Antonio Gramsci. La segunda me embarra las patas en el pantano de Clarín, Nación y Perfil.
La semana pasada ya rocé el “Temas Institucionales” firmado por Rocinante y publicado en El Entre Ríos del domingo 21 de noviembre. Si lo recuerdan, decía que el gobierno K estaba dando una batalla para “recuperar” la hegemonía mediática perdida. Un contrasentido desde el título mismo, ya que es sabido que el gobierno K jamás tuvo tal “supremacía mediática” y bien es sabido que nadie puede recuperar lo que nunca tuvo.
Para lograr explicar su posición hecha mano (mas bien manosea) a Antonio Gramsci y a Carlos Marx, y al concepto de hegemonía cultural. Para explicar el desatino tan brevemente como me sea posible, Marx enuncia la idea de que en toda sociedad existe una “infraestructura” compuesta por el modo de producción imperante, esto es la forma en que se relacionan en capital y el trabajo para producir bienes (esclavista, feudal, capitalista, etc.). En todas las formas mencionadas, predomina las relaciones de explotación y de dominación de una clase sobre otra (entre aquellos que se apropiaron de los medios de producción y aquellos que prestan su fuerza humana para permitirles producir). Como estas relaciones son conflictivas por definición, la clase dominante genera instituciones políticas y sociales que mantengan es status quo, o por medio de la fuerza (aparato represivo) o por la creación de pautas culturales, morales, religiosas, jurídicas, capaces de instalar en la sociedad la convicción de que las cosas no sólo están bien como están sino que no existe otra forma de organizar una sociedad. A todo este conjunto que incluye al propio Estado, Carlos Marx denomina “Superestructura”.
El aporte adjudicado a Antoni Gramsci, es la idea de los “aparatos ideológicos”. Como tal concibe todos los medios capaces de reproducir ideológicamente el status quo, garantizando su enraizamiento y perdurabilidad en la sociedad. Allí hace referencia a la Iglesia, la escuela, la “prensa burguesa” (hoy los medios masivos de comunicación). Gramsci desarrolla el concepto tratando de explicar las razones por las cuales el fascismo triunfa en Italia, desplazando al Partido Comunista.


Luego de esta boba “introducción Preescolar al Materialismo Histórico”, queda claro que lo que Marx y Gramsci hacen es describir un estado de situación existente y defendido por lo que nosotros llamamos “conservadores” por el sólo hecho de ser los beneficiarios de ese estado de cosas.
Desde esa perspectiva, el poder real de una sociedad reside en los dueños de los medios de producción. En un sistema democrático, el Estado resulta un poder de la superestructura, y por ende, quien accede al gobierno por la elección popular, puede o no ser miembro de la selecta clase detentadora del poder real y permanente. En cambio, aquellos aparatos ideológicos que se encuentran en otras manos distintas que la del Estado, siempre seguirán respondiendo al Poder Real, por ejemplo, la llamada prensa independiente, la Iglesia y la educación privada. Por ende, puede producirse, y es lógico que así sea,  la situación por la que hoy atravesamos, de confrontación dialéctica entre esos  “aparatos ideológicos privados”, y el Gobierno y los aparatos ideológicos democráticos (es decir, suceptibles de modificación de su alineamiento en razón de las resultas de la contienda democrática). Sobre todo si el Gobierno modificar las ecuaciones de distribución de la riqueza, afectando así a los intereses de la “clase dominante”.
En definitiva ni el Gobierno busca la supremacía mediática y la hegemonía perdida. Simplemente se ha logrado generar un debate respecto a qué sociedad queremos, y por primera vez en casi 60 años, un Gobierno no se pone del lado de quienes detentan el poder real. ¿Por eso tanto escándalo?
“Y sí” - me contesta mientras plumereaba el diván el sicólogo de cabecera de Sancho. -“lo que pasa en este país es que algunos sufren el síndrome del torturador desconcertado”. Durante 200 años se creyeron los dueños de la patria, cuando alguien se los cuestionaba, lo resolvían con golpes de estado y la picana, y los pobres reprimidos no se podían defender. Hoy resulta que hacen fuerza para torcerle el brazo a un gobierno democrático, no pueden voltearlo y, encima, sale a defenderse en los medios de comunicación. Esos tipos se ponen nerviosos porque están acostumbrados a pegar, no a que el otro se defienda.
Y debe ser así nomás. Hace unos días entré a la página de la S.I.P., y miré lo que los dueños de los medios de comunicación argentinos decían de este gobierno. Se quejaban amargamente de que los criticaban y, encima ¡porque tenían twiter!!! Indudablemente están convencidos que la libertad de expresión no es un derecho de todos, sino un privilegio de ellos.
Si no quedó claro lo de los aparatos ideológicos, piensen en Bartolomé Mitre. Llegó al Gobierno “manu militari”, impuso sus ideas librecambistas y oligárquicas exterminando a sus opositores en el interior y guerreando con el Paraguay, pero como sabía que no iba a poder estar eternamente en el Gobierno (de hecho la única vez que volvió a estar cerca fue cuando traicionó los ideales de la revolución de 1890 y se reacomodó con Roca), escribió la historia argentina a su gusto y parecer y fundó el diario “La Nación” para perpetuar su doctrina. Pasaron 120 años y ahí está.
Y llego a la embardunada de patas. Clarín, la Nación y Perfil lo único que encontraron de interesantes en el capítulo argentino de Wikileaks es la “preocupación” de Tio Sam por la salud mental de la Cistina, y le dieron manija hasta el hartazgo. Si nos interiorizamos un poquito veremos que los tres, y en especial Perfil, se ocuparon no hace mucho en volcar ríos de tinta en afirmar que la Cristina y Nestor estaban chapita-chapita. 


Así lo afirmaban los diagnósticos de unos psicólogos todos hermanos de prestigiosos Constitucionalistas y primos de reconocidos consultores económicos especialistas en inflación esperada. Una posibilidad es que la Embajada de Estados Unidos funcione como usina de rumores donde abrevan los periodistas “cautivos” (así los llama otro cable publicado) para realizar operatorias de prensa. La otra es como que yo le diga al Pelado Juancito que Raulito está gagá, que el pelado Juancito se lo cuente al gringo Atilio, que el Gringo Atilio me pase el chusmerío  y que yo publique en “La Columna de Rucio”: “Se confirmaría la versión – Habría dicho el Pelado Juancito que Raulito está Gagá”.
Cualquiera de las dos…. Una canallada.

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